1 Abr 2013 06:28 AM

EL HUEVO VACÍO

EL HUEVO VACIO

Jim nació con un cuerpo deformado y una mente lenta. A la edad de 12 años no había pasado de 2º grado, y parecía que jamás podría aprender nada. Cierto día, la maestra citó a los padres de Jim para hablarles que no era bueno para él estar con niños más pequeños que no tienen problemas de aprendizaje.

La mamá de Jim lloraba calladamente, mientras su esposo le decía a la maestra:

• “Señorita, no hay ninguna escuela especial aquí, y sería un golpe terrible para Jim si lo retiráramos de esta escuela. A él verdaderamente le gusta estar aquí”.

La maestra permaneció sentada durante un largo rato y mientras pensaba en esto, comenzó a sentirse culpable.

“Señor, ayúdame a ser más paciente con Jim” oró la maestra. A partir de ese día, trató de ignorar los ruidos que hacía el niño y las hojas en blanco de su cuaderno.

Un día, Jim caminó con dificultad hasta el escritorio de su maestra, arrastrando su pierna detrás de él:

• “La amo, Señorita”, exclamó lo suficientemente fuerte como para que toda la clase lo oyera.

La maestra se puso roja, especialmente al ver los gestos que hacían los otros alumnos. Ella alcanzó a tartamudear:

• “Bueno… es muy lindo lo que me dices Jim. Pero por favor vuelve a tu asiento…”

Pasó el tiempo, llegó la primavera, y los niños conversaban animadamente acerca de la proximidad de la Pascua. La maestra les contó la historia de Jesús, y para destacar la idea de que la vida renacería, entregó a cada uno de los niños un huevo grande de plástico, y les dijo:

“Quiero que lo lleven a su casa, y mañana lo traigan con algo dentro que nos enseñe sobre la vida. ¿Entienden?” “Sí señorita”, respondieron entusiasmado todos los niños, excepto Jim. Él estaba escuchando atentamente, sus ojos no se quitaban del rostro de la maestra.

Al día siguiente, los 19 alumnos vinieron a clase. Reían y charlaban mientras ponían los huevos de plástico en la canasta vacía que estaba sobre el escritorio de su maestra. Y antes de finalizar la clase, llegó el momento de abrir los huevos.

En el primero, la maestra encontró una flor. “Oh sí, una flor es señal de una nueva vida”, dijo.

El siguiente huevo contenía una mariposa de plástico, que parecía real. Su comentario fue: “Todos sabemos que algunas orugas se convierten en mariposa. Sí, ésta también es una vida nueva”.

Después abrió otro huevo donde había una piedra cubierta de musgo. Y explicó que el musgo también era una muestra de vida.

A continuación abrió el cuarto huevo. Su respiración se hizo entrecortada ¡El huevo estaba vacío! “Seguramente debe ser de Jim”, pensó. “No habrá entendido mis instrucciones. Y como no quería que Jim se sintiera mal, lentamente puso el huevo a un lado y tomó otro.

Repentinamente Jim le dijo:

• “Señorita, ¿no va a hablar acerca del huevo que yo traje?”

Nerviosa, le contestó:

• “Pero Jim, el huevo está vacío”.

Jim mirándola a los ojos le dijo suavemente:

• “Sí, pero también la tumba de Jesús estaba vacía”.
Pareció que el tiempo se detenía, cuando pudo hablar nuevamente, la maestra le preguntó:

• “¿Sabes por qué la tumba estaba vacía?”
Jim le contestó:

• “Oh, sí”. “A Jesús lo mataron y lo pusieron allí, pero Su Padre lo resucitó”.

La campana sonó, y mientras los niños corrían hacia fuera, la maestra se puso a llorar, y el hielo de su corazón se derritió. Jim murió tres meses después. Los que concurrieron a su velorio se sorprendieron al ver 19 huevos sobre su ataúd. Todos estaban vacíos

 Bendiciones para todos