15 Sep 2015 09:44 PM

EL SEMÁFORO

EL SEMÁFORO

Aquel día, me desperté con mucha flojera y renegando.

¿Por qué tener que trabajar? ¡Esa sí era una verdadera maldición! Salí de mi casa en dirección a la oficina, en mi auto y seguía maldiciendo el tener que trabajar. El semáforo marcó rojo y de pronto, vi a un joven montado en un pequeño carro de madera. No tenía piernas y le faltaba un brazo, con su mano izquierda lograba conducir el pequeño vehículo y manejar con maestría un conjunto de pelotas, con las que hacía malabares.

Llevaba un pequeño letrero sobre el pecho. Pude leerlo, "Gracias por ayudarme a sostener a mi hermano paralítico". Pude ver a su hermano, sentado en una silla de ruedas pintando un cuadro con su boca. El malabarista, me dijo: - ¿Verdad que mi hermano es un artista? Por eso escribió esa frase sobre el respaldo de su silla. Decía: "Gracias, Señor, por los dones que nos das. Contigo no nos falta nada". Recibí un fuerte golpe en mi interior. Mi semáforo interior cambió desde aquel día.

Nunca más se me volvió a encender la señal de alto, que me paralizaba por la pereza. Siempre he tratado de mantener la luz verde y realizar mis trabajos y actividades sin detenerme. Aquel día descubrí que ante aquellos jóvenes, yo era el paralítico.

Desde aquel mismo día, nunca he dejado de agradecer. Ahora no tengo todo lo que quiero; pero le doy gracias a Dios por lo que tengo. Cada día le doy gracias a Dios por los conflictos que pude resolver, por los problemas que pude superar, por la enfermedad que pude soportar, por el odio que se transformó en amor, por la soledad que pude sobrellevar. Cada día lo bendigo por haberme enseñado a decir: "Gracias, Señor, por los dones que me das. Contigo no me falta nada".

Bendiciones para todos.