19 Nov 2012 06:12 AM

TODA INFRACCIÓN INDIGESTA

El arrepentimiento sincero toca el corazón de Dios. Cuando Él ve en nosotros una humildad genuina, nos cambia por completo. Dios sana, limpia, justifica y regenera. Permitámosle que lo haga. Él nos dará una nueva vida.

TODA INFRACCIÓN INDIGESTA

Por el Hermano Pablo

Conciencia.net

Era un pequeño restaurante, de comida rápida. El hombre, de treinta y ocho años de edad, entró a comer un sándwich. Comió bien, pero luego, además de no pagar, asaltó al cajero y robo ocho dólares.

El plan le salió tan bien que Guillermo Molina siguió haciendo lo mismo por tres meses. Comía hamburguesas,  perros calientes y luego asaltaba al cajero y se iba muy campante.

Cuando lo arrestaron, el juez lo condenó a veinticinco años de prisión: un año por cada comida rápida que consumió y no pagó. De ahí en adelante, durante veinticinco años consecutivos, tendría comida, no tan buena y abundante, pero al menos gratis: comida de cárcel.

¡Cuántas personas hay que comen cosas que parecen ser agradables, pero no lo son. Hombres y mujeres que obran mal, tienen la tendencia a encubrir sus faltas, y buscan justificar todo lo que hacen. Se juzgan a sí mismos y se declaran inocentes. Siguen haciendo el mal hasta que la conciencia, cansada de acusar, deja de insistir.

Hay personas que viven engañando en sus matrimonios por años. Piensan que es una comida agradable. Hasta se sienten satisfechos de hacerlo, pensando que son triunfadores. No obstante, es comida que indigesta el matrimonio, las relaciones, vida y alma.

Tarde o temprano, la consecuencia de esa comida producirá tal indigestión que desearán morir. Cuando familiares, especialmente hijos, les den la espalda, buscaran borrar para siempre esa mancha. Pero una vez hecha, queda para siempre. Toda infracción indigesta. Toda maldad, en una forma u otra, mata.

¿Cómo podemos limpiar esa mancha?

El primer paso es reconocer que hemos caído. Cuando reconocemos nuestro error y deseamos levantarnos, ese deseo es el comienzo de nuestra restauración: toca el corazón de aquellos a quienes hemos herido, y despierta en ellos el deseo de mostrarnos amor y aceptación.

Además de eso, el arrepentimiento sincero toca también el corazón de Dios. Cuando Él ve en nosotros una humildad genuina, nos cambia por completo. Dios sana, limpia, justifica y regenera. Permitámosle que lo haga. Él nos dará una nueva vida.

Bendiciones para todos.