17 Mayo 2017 09:12 PM

EL VENDEDOR DE HELADOS

EL VENDEDOR DE HELADOS

Por Grace Epperson (Tomado del Aposento Alto)

 

Cuando tenía 6 o 7 años, el vendedor de helados llegaba en un camión blanco y tocando la campanilla — una señal para que los niños llegaran con sus moneditas para comprar.

Yo no me acercaba porque en mi casa no había monedas para helados. Un día, el hombre me llamó y me preguntó si ese era mi jardín en el patio de mi casa. Le respondí que sí, a lo que me comentó que le gustaban mucho las zanahorias y que si le traía algunas, él me daría un helado.

Corrí a casa, tomé algunas zanahorias y volví rápido a buscar mi helado. Durante un buen tiempo continuamos intercambiando zanahorias por helados.

Pasó bastante tiempo hasta que comprendí el gesto que el vendedor de helados había tenido conmigo. No me hizo sentir como que me estaba dando una limosna ni que me tenía lastima. Me trató con dignidad frente a todos mis amigos. Sin saberlo, me mostró un amor como el que tiene Dios con nosotros.

Los simples actos de misericordia pueden ser de ayuda para superar un mal día, o aun una infancia dura. Jamás olvidaré aquel gesto del vendedor de helados.

Los actos de compasión muestran el amor de Dios.

La Palabra de Dios nos recuerda en 1 de Corintios 13:2 “Si tuviera toda la fe de tal manera que pudiera mover hasta los montes pero no tengo amor, de nada me sirve”.