Con la llegada de un nuevo año, en muchas regiones de Latinoamérica y España vuelve a tomar fuerza una tradición heredada de siglos: las cabañuelas de enero. Una práctica popular que, a partir de la observación del clima durante los primeros días del año, busca anticipar cómo se comportará el tiempo a lo largo de los meses siguientes.
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De este modo, el clima del 1 de enero daría pistas sobre cómo será enero; el del 2, sobre febrero; y así sucesivamente hasta completar el calendario. Con el paso del tiempo surgió una variante conocida como las “cabañuelitas”, que amplía la interpretación y divide las predicciones por quincenas.
En entrevista con La FM, Gonzalo Duque, director del Observatorio Astronómico de Manizales destacó el origen y significado de esta práctica.
“En América y en España bajo las luces de la cultura judeica, pues aplicaron un método de predicción del tiempo basado en observar los 12 primeros días del mes, esas son las cabañuelas, y las cabañuelitas, pues, decía así, cada día puede representar no el mes, sino los primeros 15 días de cada mes en su respectivo orden”, dijo.
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¿Cómo entender las cabañuelas dependiendo del día?
Aunque hoy carece de sustento científico, sigue siendo parte del imaginario colectivo y de la memoria cultural de numerosas comunidades. La creencia indica que cada uno de los primeros doce días de enero representa un mes del año.
“Fue un método de pronóstico con una base fundamentada en los rituales litúrgicos y eso no tiene que ver nada con el comportamiento del clima y entonces por eso ha entrado en desuso y lo único que nos queda es la posibilidad de hacer pronósticos con mayor certeza a lo largo del año”, dijo.
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¿Cuál es el origen de las cabañuelas?
Según explicó, este método se remonta aproximadamente al año 1000 de nuestra era y tiene raíces en comunidades de España y América influenciadas por tradiciones judeocristianas.
Sin embargo, aclaró que este sistema presenta fallas importantes al tratar de predecir un fenómeno tan complejo como el clima. A diferencia de patrones generales, como las temporadas secas y lluviosas, los eventos atmosféricos tienen un comportamiento cíclico pero errático, lo que impide hacer predicciones confiables a corto plazo.
En el caso de Colombia, explicó que el clima de la región andina es bimodal, con dos temporadas secas y dos húmedas asociadas a los equinoccios y solsticios. Estos patrones permiten hacer estimaciones generales a lo largo del año, pero no pronósticos diarios basados únicamente en la observación puntual del clima.
Pese a estas limitaciones, las cabañuelas han perdurado como una herramienta simbólica, especialmente en contextos rurales, donde durante décadas influyeron en decisiones agrícolas y actividades cotidianas. Su vigencia responde más a su valor cultural que a su efectividad meteorológica.
Hoy, aunque la ciencia ofrece métodos más precisos para entender el comportamiento del clima, las cabañuelas de enero siguen recordando cómo las tradiciones se dan con los ciclos de la naturaleza al comenzar un nuevo año.