Peligrosa maniobra no solo cobra fuertes multas al viajar por carretera: a muchos les cuesta la vida
Las dobles líneas amarillas son una de las señales viales más importantes en las carreteras del país y su correcta interpretación resulta clave para reducir el riesgo de siniestros, especialmente en temporadas de alto flujo vehicular como los viajes de vacaciones. Estas marcas pintadas sobre la calzada delimitan comportamientos obligatorios para los conductores y su incumplimiento puede derivar tanto en accidentes graves como en sanciones económicas.
Qué significa la doble línea amarilla en carretera y por qué es obligatorio respetarla
En términos generales, la doble línea amarilla continua indica una prohibición absoluta de adelantamiento. Su presencia señala que el tramo de la vía presenta condiciones de riesgo, como curvas pronunciadas, cambios de rasante, cruces frecuentes o visibilidad limitada. En estos puntos, el diseño vial busca evitar maniobras que obliguen a invadir el carril contrario, ya que el margen de reacción ante un vehículo que venga en sentido opuesto es reducido.
Cuando un conductor decide adelantar sobre una doble línea amarilla continua, incurre en una infracción de tránsito contemplada en la normatividad vigente. Esta conducta no solo representa una falta administrativa, sino que incrementa la probabilidad de choques frontales, considerados entre los más letales en carretera. Además del riesgo para quienes viajan en el vehículo, la maniobra pone en peligro a otros actores viales como motociclistas, ciclistas y peatones que puedan encontrarse en la zona.
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Existen tramos donde la doble línea amarilla aparece de forma intermitente o combinada. En estos casos, la interpretación depende del lado por el que se circula. Si el conductor observa la línea discontinua de su lado y la continua del carril contrario, el adelantamiento puede estar permitido, siempre y cuando se garantice visibilidad suficiente y no se ponga en riesgo la seguridad. Sin embargo, si ambas líneas son continuas, la prohibición se mantiene para todos los vehículos sin excepción.
Es importante diferenciar estas señales de otras marcas viales. La línea amarilla, a diferencia de la blanca, separa carriles de circulación en sentidos opuestos. Por esta razón, su cruce implica invadir el espacio destinado al tráfico que viene de frente. En carretera, esta invasión suele ocurrir a altas velocidades, lo que reduce el tiempo de reacción y agrava las consecuencias de cualquier error.
Otro aspecto relacionado con la seguridad vial en estos tramos es el uso de la berma. La berma no es un carril de circulación ni una zona habilitada para adelantar o estacionar de forma habitual. Su uso está restringido a situaciones de emergencia, como fallas mecánicas o problemas de salud que obliguen a una detención inmediata. Permanecer en la berma sin justificación también puede generar sanciones y aumentar el riesgo de atropellamientos o colisiones laterales.
Las autoridades recuerdan que respetar las dobles líneas amarillas no solo evita multas, sino que contribuye a una movilidad más predecible. Cuando todos los conductores acatan las mismas reglas, se reduce la posibilidad de maniobras inesperadas y se mejora la convivencia en la vía. En contraste, adelantar en zonas prohibidas suele generar reacciones en cadena, frenadas bruscas y pérdida de control del vehículo.
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Antes de iniciar un viaje por carretera, se recomienda planear los recorridos con tiempo suficiente, asumir que habrá tramos donde no será posible adelantar y mantener una distancia prudente con el vehículo de adelante. La paciencia y el respeto por la señalización son factores determinantes para llegar a destino sin incidentes.
En temporadas de alta movilidad, las dobles líneas amarillas cumplen un papel preventivo. Su función no es ralentizar el tránsito, sino advertir sobre zonas donde un error puede tener consecuencias irreversibles. Entender su significado y actuar conforme a la norma es una responsabilidad compartida entre todos los usuarios de la vía.